Todo arquitecto es un docente en potencia
“MI PROFESIÓN ME PERMITE UNA VISIÓN DE DESARROLLO SOSTENIBLE“, ROBERTO BRICEÑO FRANCO.

¿Cuáles son los recuerdos que guarda de su etapa universitaria, en los claustros de la universidad nacional de ingeniería?
Yo guardo los mejores recuerdos. Éramos una generación que venía con un problema terrible en la economía del país, con terrorismo, muchas cosas negativas. Pero, lo que yo guardo mucho, es la camaradería que había entre compañeros de estudios. Teníamos grandes profesores, Eugenio Nicolini Iglesias quien nos dejó una gran enseñanza, en su personalidad; José Bentín Diez Canseco, José García Bryce, Manolo Zubiate, Víctor Smirnoff, entre otros. Era una generación de arquitectos que habían trabajado mucho en la facultad, incluso para su creación. Todos estamos orgullosos que ellos hayan sido nuestros maestros.
Desde muy joven también se decidió por transmitir conocimientos, ¿cómo llega usted a ser docente en cursos como diseño arquitectónico y gestión de obras urbanos arquitectónicas y urbanas?
Yo creo que la formación del arquitecto se desarrolla a través de la crítica, por la misma manera de ser de la profesión, sus espacios de diseño, de desarrollo personal y académico, se nutren a través de la crítica. Entonces, las críticas son parte de la enseñanza, es docencia, es pedagogía; eso me enseñaron en la universidad. Siempre que tengo que explicar recurro al esquema, a la idea y eso es una forma de hacer pedagogía que también recurre. A la historia, a la cultura, referentes sociales y económicos para sustentar un proyecto.
La arquitectura tiene la ventaja de que abarca, no solamente la arquitectura en sí misma, sino que es más universal, tiene que ver mucho con conceptos histórico, económicos, sociales, incluso a través de los procesos que se dan en el tiempo de determinadas asociaciones y espacios públicos. Todo arquitecto es un docente en potencia.

En esos primeros años como arquitecto profesional, ¿Dónde trabajó y quienes fueron perfilando su sensibilidad artística?
Cuando terminé mi carrera siempre quise regresar a Chimbote. Mi meta, siempre fue trabajar en mi provincia y en mi región. En Lima solo he hecho algunos proyectos luego de mi formación académica.
Vine a Chimbote para desarrollarme profesionalmente, y con el tiempo me encontré con arquitectos que me enseñaron mucho; Marco Benites Guevara, con él con quien trabajamos por primera vez, desarrollamos la costanera de Chimbote; con el arquitecto Estuardo Díaz Delgado, que en ese tiempo era alcalde de la ciudad, me permitió ingresar a la gestión pública. Me desempeñé como gerente de obra de la municipalidad provincial del Santa. Del año 2004 al 2006.
En la función pública desarrollamos el proyecto del estadio centenario de Chimbote “Manuel Rivera Sánchez” que tiene capacidad para 25 mil espectadores. Cuenta con palcos, butacas, tribunas, césped artificial y una amplia pista atlética. Asimismo, la Plaza Grau, El Malecón Grau, entre otros.

Desde 1995 su talento se ve reflejado en su participación en más de cien obras públicas y privadas. Háblenos de sus proyectos más importantes donde seguramente destaca su participación en el diseño y construcción del gran estadio Centenario.
Yo pienso que los espacios públicos son los más difíciles de diseñar. He diseñado la Plaza Mayor en el distrito de Nuevo Chimbote, que era un arenal, alrededor se habían levantado unos edificios si ningún tipo de valor, una iglesia que estaba empezando la construcción. Cuando me dijeron que haga la propuesta para la plaza mayor, en esos momentos, pensé que ese proyecto, con el tiempo y bien conceptuado, iba a ser un referente arquitectónico urbano en la ciudad y la provincia.
Sabía, que tenía que hacer un proyecto que se mimetice con el tema religioso, se estaba construyendo, la Catedral Nuestra Señora del Carmen y San Pedro Apóstol, y a la vez, crear un espacio arquitectónico que refuerce la identidad del distrito de Nuevo Chimbote como ecológico. La plaza contempla una garza abstracta inclinada que sale en 45 grados, ave que proyecta un despegue desde una fuente de agua que representa la ecología. Asimismo es una alegoría a la modernidad del distrito. Se consideró también 12 columnas que representan a los apóstoles.
El proyecto tuvo mucho impacto. Actualmente es el ícono turístico del distrito de Nuevo Chimbote.
Dicen muchos especialistas que la arquitectura “abre tu lado más humano”. ¿Sucedió ello también con usted? ¿Fue importante identificar arquitectura social como un modelo a seguir?
De alguna manera en el espacio público vas aprendiendo de las diferentes formas de comportarse de las personas, tienes que tener un criterio objetivo para llegar a la población y tener empatía durante ese proceso. En ese nivel la arquitectura pública y espacios públicos, a pesar de ser muy complejas están comprometidas todos los niveles sociales e involucra todos los niveles socioeconómicos.
El reto es hacer un diseño arquitectónico que guste a todos de acuerdo a las costumbres de la gente, a la manera de pensar. La proyección visual debe ser la más sencilla posible, uno va aprendiendo a respetar toda esa diversidad.
Cuando pasas de lo profesional a lo político y encuentras que las necesidades básicas en tu ciudad no han sido atendidas, que los ancianos, niños, mujeres de bajos recursos económicos están abandonados. La sensibilidad te lleva a crear espacios destinados a atender a los menos favorecidos. En ese camino estamos.


Desde muy joven se fue acercando al servicio social, hasta llegar a ser autoridad en la provincia. ¿Cómo comparte su trabajo profesional con la labor a favor de su comunidad?
Considero que en esta nueva etapa de mi vida es una oportunidad para convocar a jóvenes profesionales que puedan compartir su visión de desarrollo urbanístico de la provincia. Me toca convocar a nuevos talentos que puedan mostrar sus fortalezas y posibilidades para realizar nueva arquitectura, que la ciudad los reciba y los promueva. Desde luego orientados al fortalecimiento de la identidad de Chimbote sin darle la espalda a la bahía.
Desde luego que la visión central la tengo como arquitecto, pero soy de los que considera que la socialización de mi mirada con los nuevos profesionales me permitirá un panorama objetivo para la ciudad que hoy por el designio de Dios me toca dirigir.
Cuando decide alejarse de los focos de atención de la arquitectura majestuosa de las grandes firmas y los grandes nombres para centrarse más en la actividad pública, primero como funcionario, luego fue regidor y ahora como alcalde, aunque recordando a Paolo Baratta, presidente de la Benial de Venecia, “Los arquitectos y la arquitectura siempre hace la diferencia…”
Yo a veces pienso que la arquitectura y la gestión pública no son convergentes, tienen diferentes niveles de atención y niveles de desarrollo. La política o los cargos públicos te redireccionan, de proyecciones arquitectónicas urbanas a temas sociales. Enfocar la administración municipal a atender necesidades básicas.
Y justamente destacamos que desde su posición como un reconocido profesional haya decidido enfrentar las problemáticas urbanas, quizás utilizando su audacia, su creatividad, ingenio y sentido común que son inherentes a la arquitectura para mejorar sustancialmente la calidad de vida de su población.
Bueno, Chimbote es una ciudad que nació del mar y que le debe mucho respeto. Lamentablemente los últimos 30 años o 40 años quizás Chimbote le ha dado la espalda al mar, a contaminado todo el borde costero que se ha convertido en basurales y donde frecuentan personas de mal vivir.
Me permito recordar que el Arq. Estuardo Díaz en el año 2004, me dio la oportunidad de revalorizar el pasado de Chimbote, recuperar su identidad, permitiéndome graficar el diseño arquitectónico del Malecón Grau. En ese tramo que se hizo, permitió que la gente de alguna manera empezara nuevamente a ver su mar y ver lo que estaba perdiendo y de alguna manera fortaleció los niveles de identidad. Nuevamente convertimos la zona costera de Chimbote, sus primeras cuadras, en una zona turística que es visitada por lugareños y turistas.
El proyecto que tengo ahora como Alcalde, es terminar todo el borde costero hasta la urbanización El Trapecio desde la Plaza Grau. Visiono una sinergia entre los ciudadanos y el mar. Yo creo que el día que podamos empezar a marcar una política real, organizada, de convivencia con nuestro mar, vamos a tener una ciudad turística y una ciudad que ha vuelto después de más de 60 años a decir estamos juntos y empecemos hacer las cosas diferentes.

Finalmente y no por ello menos importante hablemos de su familia en especial su madre doña Elisa, quien lo acompaña en el frente de batalla trabajando codo a codo a favor de la provincia del Santa y su gente.
Mi madre es el motor de mi vida. Mi padre partió hace 10 años, él fue quien me enseño a querer a mi ciudad, él me llevaba a todos lados, él construía y me llevaba a sus obras, él era un empresario comprometido con el desarrollo de Chimbote. Con él me empezó a gustar la arquitectura.
Mi madre es el motor permanente de hacer las cosas de manera correcta, ella me da fuerza, al igual que mi familia, mis amistades. Puedo decir que soy una persona feliz y que no me arrepiento de haberme alejado por un tiempo de mí profesión de arquitecto por una carrera pública porque entiendo la política como función de servicio a favor de los más necesitados. Mi profesión me permite una visión de desarrollo sostenible para Chimbote.














